[vc_row][vc_column][vc_column_text]
La mujer en el mundo del Yoga
Una realidad a transformar
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]
La intención de estas palabras es arrojar un poco de luz sobre el mundo del Yoga, una disciplina practicada mayoritariamente por mujeres. No trato de escribir un artículo sexista, y he de afirmar que pese a que el mundo del Yoga parece que en unos aspectos evoluciona rápidamente, en otros, sin embargo, muestra signos de estancamiento. Espero que estas palabras sean útiles para sacar al yoga de esta intersección, agradeciendo de antemano todos vuestros comentarios.
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]
Las personas que nos dedicamos a enseñar Yoga lo tenemos muy presente en nuestra labor, tratamos al alumnado por igual, dándole más importancia a su luz interna que a su género. Ponemos a la persona y a su fuerza interna por encima, ya que lo más importante a la hora de aprender o enseñar no es ser hombre o mujer tanto como hacerlo desde el amor y la presencia. Pero esto no ha sido siempre así.
Echando una mirada hacia atrás, podemos reconocer la gran labor de la mujer en la lucha por ser reconocida a nivel legal, político y profesional dentro de la sociedad, y aunque todavía quedan obstáculos por salvar, gracias a esta labor hoy las mujeres podemos disfrutar de nuestra libertad como seres humanos, y también desarrollar e incluso compartir nuestras capacidades y potencialidades.
[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/3″][vc_single_image image=»1608″ img_size=»medium» alignment=»center»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/3″][vc_single_image image=»1612″ img_size=»full» alignment=»center»][/vc_column][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]
Si reflexionamos sobre la idea profunda que, tanto hombres como mujeres, podemos tener sobre la figura femenina y su capacidad para gobernarse a sí misma, e incluso de acompañar a otras personas en su camino de aprendizaje y autorrealización, nos podemos dar cuenta de que esta idea nos condiciona profundamente a la hora de reconocer a una mujer como maestra.
Esto en la práctica, se resume en que la mayor parte de las veces cuando buscamos comenzar el camino de Yoga, ya sea a través de un proceso formativo, ya sea a través de un retiro, vamos a recurrir con más facilidad y confianza a una figura masculina. Es un tema para reflexionar personalmente de una forma honesta.
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]
Para ponernos al día en relación a cómo el mundo del yoga tiene en cuenta a la mujer en la actualidad, comparto estas experiencias. Hace poco, estuvimos en un congreso de yoga afamado a nivel internacional, en el que el 90% del profesorado eran hombres y el 90% de las personas asistentes eran mujeres. Por otro lado, echando un vistazo a la mayoría de escuelas de yoga del Estado por no decir de la Tierra, podemos ver que la mayor parte están dirigidas por hombres. Por no hablar de la India, la cuna del Yoga, donde la mujer todavía no ha salido del concepto de esposa, salvo en casos puntuales y donde la mayor parte de las mujeres que practican yoga no son indias sino occidentales.
La jerarquía masculina en la familia, en el trabajo y en las relaciones sociales, tanto en oriente como en occidente, se ve reflejada claramente en el mundo del Yoga. Y si somos capaces de desactivar esos códigos profundamente arraigados, seremos capaces también de ver a la mujer de una manera diferente.
Pues bien, remontándonos a antiguos tratados de yoga, podemos reconocer que desde sus bases esta disciplina ha estado masculinizada. Estos textos prácticamente no hacen referencia a la mujer mas que para, en ocasiones, referirse a ella cuando hablan de que el hombre, si quiere seguir el camino de la realización, ha de renunciar a la mujer y al dinero. También lo vemos en los dos textos que, por excelencia, se estudian en el 95% de las formaciones de Yoga, los “Yoga Sutras de Patánjali”, más neutro en su lenguaje pero sigue siendo un hombre la autoridad que recopila, recoge y enhebra la esencia del Yoga. Y también el Bhagabad Guita, ¿cuántas figuras femeninas aparecen? Con lo guerreras que nosotras somos;)
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]
Sin embargo, desde el siglo XIX-XX, como era de esperar, la figura femenina comenzó a irrumpir saliendo del concepto de mujer como esposa, madre y amante para desplegar sus alas, descubrir su potencial y compartirlo.
En este sentido, y como ejemplo de mujer como maestra, cabe destacar a Sri Anandamaji Ma, mujer del siglo XIX que sin guía de gurú alguno, se realizó espiritualmente. Siendo después reconocida como maestra en un país y una época en la que la mujer era considerada inferior al hombre. Y aquí la pregunta que lanzo es la siguiente: ¿Somos capaces las mujeres de vernos en un camino de realización sin que haya de ser un hombre quien nos lo enseñe? Contestad con honestidad.
[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/3″][vc_single_image image=»1609″ img_size=»full» alignment=»center»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]
Existen ciertos conceptos dentro del mundo del yoga que, en mi opinión, en ocasiones se han malinterpretado. Cuando en el Yoga se habla de rendición y sumisión, nos referimos a que el ego ha de terminar siendo sumiso al alma y rendirse a esta. Y en este sentido, es necesario poner consciencia a las relaciones, no vaya a ser que nos veamos rindiéndonos y siendo sumis@s a una persona y lo que es peor, a su ego. Y en el mundo del yoga en el siglo XXI, hay egos muy grandes gracias a esto.
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/3″][vc_single_image image=»1610″ img_size=»full» alignment=»center»][/vc_column][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]
En este punto nombraré a otra maestra, Indra Devi, quien para poder acceder a las enseñanzas de Krishna Nama Acharya tuvo que pedir ayuda al Maharash (Rey) y este obligó a Krishna Nama Acharya a aceptarla como discípula.
Se decía que una mujer no era capaz de alcanzar la realización, que solamente servía para criar y cuidar de la familia y el hogar, y esta era la mejor excusa para no aceptarlas como discípulas aunque, en mi opinión, no era esa la razón real, sino que el profundo poder de la mujer siempre ha intentado ser reprimido.
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]
El mando que la figura del hombre necesitó coger desde el inconsciente temor a las potencialidades de la mujer, ha de ser diluido. No es posible que en el mundo del Yoga estemos potenciando estos códigos basados en la autoridad del hombre sobre la mujer simplemente por el hecho de serlo, ya que este es un camino universal que no entiende de géneros, estatus o desigualdades.
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]
Las potencialidades de la mujer en el mundo del yoga y en otros ámbitos, en ocasiones, han sido catalogadas como debilidades a trascender o incluso como elementos negativos que generan conflicto y malestar en su entorno. Pero en realidad, todos los cambios cíclicos que tanto hombres como mujeres tenemos, son oportunidades de renovación en el entorno, que pueden ser aprovechadas para poner consciencia y evolucionar, dicho de otro modo, el aporte de la mujer y sus ciclos al entorno es tremendamente positivo, siempre y cuando el entorno esté dispuesto a ver, a crecer y a renovarse. De otro modo, la menstruación, la menopausia, la ovulación siempre serán vistas como un lastre y como algo a mejorar, cambiar e incluso a eliminar.
La labor del yoga en relación a la mujer ha de pasar principalmente por aceptar y reconocer todo lo que ella es, y en un nivel de experiencia mayor, el Yoga ha de aportar conciencia y presencia en todos y cada uno de los procesos personales de forma que estos no sean rechazados sino amados.
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]
Hoy en día existen muchísimas líneas diferentes de Yoga, pero esenciales pocas, el Yoga que nos acerca a la experiencia de convertirnos en ser seres humanos, y nos ayuda a liberar nuestra luz. Si intentamos saltar este paso, ¿es nuestro ego quien practica y crece?
Para ir terminando, nombraré a una de las maestras del siglo XIX-XX. Mirra Alfasa, conocida como la compañera espiritual de Sri Aurobindo, (inciso: a él no se le suele denominar como el compañero espiritual de La Madre) ella tuvo el valor de quedarse en una sociedad completamente masculinizada como era la India en aquellos tiempos y, entre otras cosas, gestó la ciudad laboratorio de Auroville, hoy día una de las mayores comunidades ejemplo del planeta. Ella fue “La Madre”.
[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/3″][vc_single_image image=»1611″ img_size=»full» alignment=»center»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]
Dicho todo esto, tengamos en cuenta la trayectoria del Yoga con respecto a la mujer, y no consintamos mujeres y hombres del mundo del Yoga que se sigan repitiendo estos patrones.
Quiero animar a la reflexión a toda la comunidad yogui, tanto a hombres como a mujeres sobre este asunto dentro de sí, y ante todo a las yoguinis les animo a creer y a confiar en su fuerza, y a no consentir sumisión hacia nadie, ni hacia nada más que a su propia maestra interior.
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]



